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2026-05-03

POEMA ENVIDIOSO A JANE BIRKIN





Muchas veces quisiera

-cuando me miro al espejo-

ser una de esas mujeres

a quienes les cuelgan las ropas.

Pero no de esas mujeres de pasarela, no.

Una de esas europeas

que en vez de nalgas tienen un cajón

y, en vez de tetas, el pecho plano de un muchacho.

Que se levantan después del sexo, 

se cuelgan un short 

y una camiseta sin mangas

y quedan divinas.

Así, sucias, 

con pelo en las axilas, 

con los pezones largos,

con el pelo revuelto 

pero

con una sonrisa de 64 dientes

y el cuello de un metro de largo.

Todo se les perdona.






2026-03-29

SAVING PRIVATE RYAN

 

Era 1988. La profe de Literatura nos distribuyó varias obras de teatro de la literatura colombiana, que debíamos representar ante el salón para obtener la nota final del período. A mi grupo le correspondió Toque de queda, de Luis Enrique Osorio. Se trata de una obra corta que transcurre en una estación de policía unas noches después de los hechos del 9 de abril de 1948. Yo hacía el personaje del Cabo, pero no tenía disfraz. Por eso, mi amiga Claudita ofreció prestarme un uniforme de su papá, quien era un respetable Coronel retirado de las Fuerzas Armadas.

Después de muchos ensayos, llegó el esperado día de la presentación. Claudita desempacó con sumo cuidado el uniforme verde oliva de su señor padre y me lo entregó con gesto pomposo. Ese uniforme era una oda al patriotismo: brotaba un olor a honores a la bandera, a bendición de armas por parte del arzobispo en acto solemne en la Plaza de Bolívar… mejor dicho: super elegante y sobrio, tal como el caballero que lo había portado en su juventud.

Concentrada, en silencio, repasando en mi cabeza las líneas de mi personaje; tomé el paquete en mis manos con la cabeza baja cual guerrero que recibe la bendición de su amada antes de partir al combate. Me encaminé hacia el baño del colegio, que hacía de improvisado camerino para nuestra obra de teatro y me puse el sagrado uniforme. 

Como su servidora siempre ha sido un Minion (mi estatura de adulta es 1,47m), me sobraba medio metro de pantalón en las piernas y 20 cm de circunferencia que no se solventaban ni siquiera apretando el cinturón en el último huequito. La chaqueta no era menos desconsoladora: sobraban 40 cm en las mangas mientras que los bolsillos me llegaban a las rodillas. Obviamente no había tiempo de refaccionar las prendas (tampoco había quién lo hiciera) y ni pensar en cortarlas porque yo debía devolver el uniforme en las mismas condiciones en las que me lo prestaron.

Yo tendría unos 12 ó 13 años, pero ya bullía en mi alma el amor por el arte dramático; así que mentalmente coloqué el dorso de la mano en mi frente, miré al cielo y exclamé cual Sarah Bernhardt: “Show must go on!” …Bueno, en realidad, lo que debí pensar fue algo como “qué hijueputas, yo necesito pasar la materia” y seguí adelante con mi caracterización.

Mientras me recogía la melena simulando un corte militar, fui entrando en personaje para salir del baño: espalda recta, hombros hacia atrás, mirada al frente, ceño fruncido y paso de vencedores. Sin embargo, el compás de mi marcha triunfal hacia el salón se vino al traste cuando me caí porque me enredé con las botas remangadas del pantalón. Un poquito magullada, me ubiqué en mi lugar a la espera de que se abriera el telón.

Mi personaje, el Cabo, era el encargado de traer uno a uno ante el Juez a los personajes que transgredían la medida del toque de queda. Por lo tanto, yo debía dar unos cuantos pasos de un extremo a otro, durante los cuales la ropa se me desacomodaba. Así que en esas breves caminatas (unas 6 ó 7 de ida y vuelta) yo parecía Chaplin mientras me sostenía el pantalón en la cintura con una mano, bregaba a no tropezar con mis propios pies y acomodaba la gorra debajo de la cual mi frondoso cabello amenazaba escapar.

No pasaron ni siquiera 5 minutos de la representación y, en vez de aprender sobre un hecho histórico de nuestro país, todo mi curso estallaba en risas por causa de la involuntaria sesión de clown que brindó el "Cabo Jordán".

Sobra decir que nos ganamos la mejor nota. La Profe Aura Lucía se carcajeó ese día más de lo que había reído en todo el año escolar. A mí se me desarrolló una fobia a lo militar que llegó a su clímax unos 10 años después, como estudiante de universidad pública... pero sobre eso les cuento otro día.

 

 

2025-01-05

MY BLOODY VALENTINE


Hoy se cumplen 5 años de la fecha grabada en esta argolla. 
Se cumple 1 año de la fecha en la que todo se fue a la 💩. 
Tanto el 5 de enero de 2020 como el de 2024 yo estaba en Bogotá, acompañada de la misma persona. 

I
En 2020 caminé con él por las zonas verdes del Parque Simón Bolívar y del Parque El Lago, bajo el frío sol bogotano de una tarde de enero. Yo tenía mi corazón roto tratando de adivinar qué iba a ser de mi vida en adelante. Él se ofreció a acompañarme. Tomé su mano con ilusión acallando el miedo que asomaba en mi alma. Con ilusión sostuve ese vínculo a distancia mediado por una pandemia y apoyado en la virtualidad. 
Se habló de matrimonio. Se habló de traslados. Se habló de acuerdos. Se habló tanto... que la conversación se volvió un monólogo vacío e incomprensible. 
Años después, un eclipse anunció la llegada del silencio. Sin más pretextos que el trabajo, se enfrió la comunicación. Para finales de 2023, me sentía reclamando la atención de un gélido monolito que parecía anclado en mi vida y no me dejaba abandonar la suya. 

II
El 5 de enero de 2024, para celebrar el aniversario de esa caminata e intentando suavizar el conflicto silencioso que dormía agazapado entre los dos, fuimos a El Goce Pagano. Conversamos otra vez. Ahora su respuesta no fue compañía y apoyo sino confrontación, palabras dolorosas, reclamos, pelea. 
Quienes estaban el 5 de enero de 2024 por el sector de Las Aguas a medianoche, vieron a una loca pelirroja llorar y gritarle a un impasible hombre afro que la subió a un carro sin mediar palabra. 

Ese 5 de enero de 2024 se acabó todo.

De aquella historia solo conservo la argolla con la fecha 05/01/2020 y los nombres secretos de él y yo. Conservo también el mal recuerdo de mi última noche en El Goce, sitio que amo y al que anhelo volver para celebrar mi cumpleaños de 2025.

2021-08-30

STEALING HEAVEN

Cuando despiertas, anhelas que la mirada de él sea el primer regalo del nuevo día.

Cuando las gotitas de agua tocan tu piel y resbalan por tus curvas en la ducha, deseas que sean los dedos de él los que te exploren.

Cuando mezclas el café, tu mirada se pierde en el horizonte imaginando conversaciones con él al calor de esa bebida.

Cuando oyes la notificación de sus mensajes, tu corazón se acelera.

Cuando es una video llamada con él, no puedes evitar sonreír como tonta mientras miras a la cámara y te sonrojas como quinceañera.

Cuando preparas tus alimentos, añoras que él se acerque por detrás y te robe un beso que se pierde irremediablemente en el vacío.

Cuando te vas a la cama en la noche, desearías que en vez de sábana fueran sus brazos los que te rodean y te dan calor.

Cuando sueñas, sus ojos llenos de estrellas y su sonrisa luminosa parecen estar tan cerca como la alarma que te arroja de golpe fuera de la fantasía.

Cuando piensas hace cuánto le conoces, te percatas de que es más tiempo el que llevas amándolo del que te queda para compartir junto a él.

Cuando te das cuenta de que no hay posibilidad de vivir el amor porque él está lejos y no hay manera de acercarse, quisieras nunca haberlo conocido.

Cuando sabes que tus decisiones fueron las que te alejaron de él, reniegas de tu yo del pasado, ¡tan racional!

Cuando recuerdas que a todos nos respira La Muerte en el hombro, le ruegas que te lleve de una buena vez si nunca les va a permitir estar juntos.

 

 

2021-06-22

SHAWSHANK REDEMPTION

 Cuando estás encerrado entre cuatro paredes, sin posibilidades de salir, sin opciones y sin compañía; da igual en qué parte del planeta te encuentres. Igual van a ser cuatro paredes. Igual, la rutina va a ser la misma. Igual, la ausencia de abrazos, de palabras, de sonrisas va a ser igual. Habrá posibilidades de comunicación virtual, sí, e igual las tendrías en cualquier ciudad o país. Pero la soledad es la misma dentro de cuatro paredes. 

2021-05-06

ACOSO SEXUAL

 «Ni siquiera las mujeres quieren ser mujeres mientras nuestro arquetipo de femineidad carezca de fuerza, fortaleza y poder… El remedio obvio es crear un personaje femenino con toda la fuerza de Superman más todo el encanto de una mujer bella y buena.» (William Moulton Marston, creador del personaje de Diana Prince “La Mujer Maravilla”, 1944)

Amanecí pensando en el daño que el movimiento #MeToo les ha hecho a las relaciones entre hombres y mujeres.

Respecto a la desazón que me produjo el #MeToo, me ayudó mucho leer la carta con la que algunas intelectuales francesas respondieron.

Pienso que el feminismo francés y, en general, la cultura, las relaciones hombre –mujer, el concepto de acoso, el estudio del erotismo y tantos otros factores que inciden en este tema, lleva muchos años de evolución con respecto al norteamericano. Por eso ellas son capaces de poner en perspectiva las situaciones en las cuales la torpeza de un galanteo masculino incomoda a una mujer sin convertir dichas situaciones en delitos cuyos perpetradores deben ser expuestos y condenados a la pira (previa castración pública).

Las francesas han comprendido que el hombre es, por naturaleza, diferente a la mujer en cuanto a su funcionamiento genital/sexual. En esa medida, a ellos los gobierna su anatomía y lo que se debe entrar a reglamentar culturalmente es la forma como cada uno de ellos gestiona o resuelve las necesidades que dicha anatomía les impone.

No es que el hombre per se sea enemigo de la mujer, no es que su pene sea un objeto a odiar porque se pone erecto. ¡No! Esos son “accidentes” de la naturaleza que no hacen “intrínsecamente malos” a los hombres. Al respecto, pienso que las feminazis, cuando asumen la posición de odiar al hombre solo por serlo (por su biología), se asemejan a quienes piensan que los negros son todos delincuentes o a quienes pretenden que la obsoleta "ciencia" de la frenología es acertada. 

El problema no es la erección, el problema no es el pene. El problema es lo que hace ese hombre (un ser racional, que se sabe inmerso en un colectivo regido por ciertas normas de convivencia) con su pene erecto. El problema es cómo gestiona o soluciona ese hombre su erección perfectamente natural (y en ocasiones perfectamente inoportuna):

  • ¿Practica la masturbación en privado? ¡Bien por él! Allí no está dañando, incomodando y mucho menos acosando a nadie. 

  • ¿Busca a otro ser humano para negociar su descarga fisiológica dentro de las leyes de la oferta y la demanda? ¡También bien por él! (Esto, claro está, asumiendo que la prostitución se ejerciera de manera ideal: libremente, de manera justa y en condiciones ideales para la persona que la lleva a cabo como trabajo/transacción comercial).

  • ¿Ejecuta comportamientos seductores hacia su pareja, que le permiten llevar a feliz término un intercambio sexual gozoso para ambos? ¡Fabuloso! 

¿Vieron cómo hay maneras aceptables de gestionar una erección sin que se convierta en amenaza para la mujer?

Lo problemático viene cuando ese hombre pretende solucionar su tensión sexual imponiendo dicha solución a otra persona, utilizando sin consentimiento el cuerpo de otra persona (los debates sobre la zoofilia son especificidades muy importantes en las que no quiero entrar por ahora). Es allí cuando podemos hablar de acoso, abuso, violación, violencia, etc.

De la misma manera, rescato de la postura de las francesas, lo que tiene que ver con la posición de la mujer en todo esto. 

Las gringas del #MeToo ubican a la mujer como una víctima perenne e indefensa en toda situación que la enfrente con el apetito sexual de un hombre. Mientras que la carta de las francesas brinda a la mujer ese espacio de autonomía en el que puede decir “no” sin pretender la eliminación del receptor de su negativa.

Ello nos lleva de vuelta al lado del espejo en el que el hombre asume que la mujer como objetivo de su impulso sexual (de nuevo: sé que hay otras especificidades de elección de partenaire sexual en las que no me voy a detener aquí) es -con respecto a él mismo- un “otro” en igualdad de condiciones, otro sujeto de derechos a quien se le escucha y respeta su voluntad aunque esta vaya en contravía de la voluntad masculina.

Pienso que el texto de las intelectuales francesas debe ser leído para dar una nueva dimensión al tema de las interacciones entre hombres y mujeres. Estoy segura de que su lectura y comprensión sacarían de apuros a muchos machitos latinoamericanos y a las mujeres nos quitarían de encima la tensión de no saber cómo responder ante un galanteo que nos halaga pero del que no pretendemos que haya consecuencias. Como dicen las francesas en su carta: “La libertad que valoramos no está exenta de riesgos o responsabilidades”.


2021-04-17

LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS

 A mis amigas de "El grupito de atrás" les dio por conversar sobre con qué profesores del colegio sintieron empatía.

Va ganando una que nos dio Matemáticas a la cual siempre sentí como una irrespetuosa que se burlaba de las niñas a las que no nos iba bien en su materia. Recuerdo los comentarios humillantes cuando me pasaba al tablero y -por físico terror- yo no daba la respuesta correcta: se carcajeaba y gritaba: "¿Sí ven, chinas? (dirigiéndose a todo el curso) Como ella está tan ocupada con el esposo y los niños, no le quedó tiempo para estudiar."

¿Cómo le dices eso a una niña de 11 ó 12 años? Además sin saber por qué circunstancias esté pasando en su vida. Acabo de caer en cuenta de que en ese año se separaron mis papás, así que el caos emocional de mi pre-adolescencia tenía como telón de fondo un hogar que se estaba rompiendo y una madre muy frágil como único pilar.

Hoy en día, al primer comentario de esos, la profe sale al menos con un buen pleito por maltrato. Pero eran los 80 y eso era super normal, tanto que hoy en día, mis amigas (las que se reían con esos comentarios) la recuerdan con aprecio; mientras yo recuerdo mi sensación de angustia cuando me ponía a resolver ecuaciones en el tablero, mi rabia cuando oía sus carcajadas burlonas, mi callada indignación cuando gritaba a otras niñas como yo y la impotencia de no poder quejarme porque los profes eran siempre respaldados por el colegio y sus directivas, que eran monjas.

PD. Clara Patricia Castro, si lees esto, espero que te remuerda la conciencia. Que todos los niños y adolescentes que se sintieron humillados por ti y que por tu culpa le cogieron fobia a las Matemáticas, hoy en día hayan olvidado esa horrible sensación de pasar al tablero en tus clases. Maldita bruja.