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2013-02-06

LA FERIA DE LAS VANIDADES

Hace un tiempo, alguien que sabe de Astrología afirmó que en mi Carta Natal hay una configuración que favorece las cirugías plásticas. Es decir, embellecimientos interesantes poco necesarios para el correcto funcionamiento de mi organismo. A pesar de que esto me lo hubiera podido decir solo con mirarme sin necesidad de hacer referencia a mi Venus en el Medio Cielo; no le creí a la Astróloga (exceso de autoestima de la suscrita) y por lo tanto, no le puse más atención ni volví a acordarme de la profecía que pesaba sobre mí, cual Lord Arturo Saville desmemoriado.

Años después, sin embargo, me vi utilizando un dinero que podríamos catalogar como 'ganancias ocasionales' en la Clínica del Doctor Rincón con el fin de realizarme la cirugía refractiva que permitía a mis ojitos volver a su normal exhibición sin las gafas que me daban aspecto de bibliotecaria nerd (pregunta mi inconsciente ¿hay algo más clichesudo que una bibliotecaria nerd?).

Cualquiera hubiera pensado que la cosa terminaría allí ya que dicha cirugía tenía su propósito: necesito ver bien porque imagínese una lazarilla miope*.

Decía mi abuela: "untado el dedo, untada la mano"... y, por supuesto, la nietecita tenía que untarse íntegra... No sé si haberme hecho la ortodoncia con un par de coronas de titanio incluidas califique como cirugía estética pero allí estaba yo hace un año (gracias a otro dinero que también llegó como ganancia ocasional**) acostándome una vez por semana en la silla de la doctora Ibett para que ella hiciera su trabajo con meticulosidad de relojero y genio de artista y me dejara con una sonrisa digna de comercial de cremas dentales.

También para la ortodoncia tenía yo mi argumento: ¿cómo diablos voy a dejar de parecer bibliotecaria regañona (de nuevo pregunta mi inconsciente: ¿hay bibliotecarias que NO sean regañonas?) si me da vergüenza sonreir por mis dientes torcidos?
Antes de que me juzguen por dismorfofobia y en mi defensa, debo decir que yo ya no quería más cirugías y no se me habría ocurrido ninguna otra además de que me haría falta el dinero para llevarla a cabo. A menos de que me consiguiera un esposo traqueto o algo similar, lo cual no está dentro de mis propósitos.

Sin embargo, en 2012 a mi médica se le ocurrió por fin ponerme atención cuando le decía que fui adicta a las gotas para descongestionar la nariz durante varios años y me envió a otorrinolaringología... chachachán (leer con la melodía de la Quinta de Beethoven, por favor) Adivinen... ¡necesito cirugía de cornetes! Lo malo es que esta vez no hay ganancia ocasional así que, a pesar de mis deseos, mi naricita no va a quedar como la de Laura Moreno y me voy a tener que conformar con que me arreglen el daño de adentro y me dejen igual lo de afuera.

Quisiera dentro de poco tiempo poder respirar normalmente sin ladear la cabeza hacia la izquierda o darme golpecitos en la pared de la fosa derecha. Les contaré cómo sale esto a finales de febrero.  

A ver... ya llevo: ojos, dientes y próximamente nariz. ¿Será que dentro de poco tiempo me da por arreglarme delantera y retaguardia? ¿liposucción? ¿botox? ¡Aggghhh! me siento poseída por el espíritu de una cualquiera de las discípulas de Madame Rochy: ¿Quién se apunta para esposo traqueto que me pague las cirugías?

Notas:
* En mi vida anterior fui lazarilla secretaria asistonta compañera del Indiana Jones (1) de los ciegos, así que debía guiarlo (a ratos) por donde su aventurero espíritu lo llevara.

** El origen y el monto de dichas ganancias ocasionales no ameritan su declaración ante la DIAN, así que todavía no tengo que esconderme...por eso me hago las cirugías ¡ja ja ja!

(1) Indiana Jones: Personaje ficticio interpretado en el cine por Harrison Ford. Arqueólogo y profesor universitario que emprende viajes llenos de aventuras. Igualito a mi primer esposo, con la diferencia de que éste último carece de vista.